Dinero sin patrón
oro. Chaquiras de Spondylus (mullu) : ¿Un centro de origen
independiente de dinero, en la costa equinoccial del Ecuador antiguo?: Versión
beta. M. Suárez, 2010 (continuará).
La Spondylus (prínceps) es un bivalvo cuyo
hábitat se distribuye en las cálidas aguas del Pacífico equinoccial
Sudamericano. La arqueología ha demostrado que este bivalvo, por una parte, está presente desde los más tempranos
asentamientos agrarios tanto del litoral
Pacífico como los Andes en Sudamérica, y por otra que su importancia está
ligada a su valor como bien ritualizado,
y tal parece que es ésta práctica, la que forma la base histórica de su valor
de cambio. ¿Por qué?,¿Qué es lo que
conduce a concentrar atención en él?. Históricamente el valor se consolida como
la cualidad de los bienes susceptible de independizarse de las formas concretas
de éste, y materializarse como cuantificador del mismo. Esto último se conocerá
como dinero.
Entre el
bivalvo y los seres humanos, como en otros casos, se había instaurado una
relación que trascendía el mero
encadenamiento trófico entre ambos; había pues, una atracción hacia el bivalvo
que estaba más allá de ser proveedor de proteínas, considerando además qué,
como materia prima, competía con otros moluscos, casi sin destacar físicamente por
ello. Al parecer la historia de esta relación es a su vez la historia de la
emergencia de una forma monetaria local, que acompañara el surgimiento de los
centros urbanos en América y que propicia la emergencia de una clase de
complejidad social distintiva.
Pero, pese a
esta carga esotérica, que a lo mejor le atribuía a la concha la capacidad de
calentar el agua, esta relación no era metafísica, tal como ha sido demostrado
posteriormente. Las bases de su materialidad fueron comprendidas cuando se
logra destacar que el bivalvo tenía conductas particularmente sensibles a
condiciones térmicas de su hábitat, y es esta peculiaridad la que fue observada
empíricamente por los formativos, consagrándolo como predictor de la entrada en
periodos invernales. En el corazón del trópico tórrido de Sudamérica
occidental, la instrumentalización de este bien natural sería capitalizada por
ciertos miembros del colectivo.
El Spondylus pronto alcanza calidad de deidad,
fortaleciendo su vínculo con la agricultura, en particular con el maíz (Zea mays) y
el algodón (posiblemente Gossypium barbadense). Es entre los incas dónde esta calidad cobra
ribetes fantásticos, como expresión de su consideración como el más temprano símbolo
solar. Así, desde el formativo y durante todo desarrollo regional-integración,
en el litoral ecuatorial se formó una tradición en torno al valor del bivalvo, fraguándose
su reconocimiento como medio de intercambio y contribuyendo al prestigio de los
detentadores de su saber.
Se ha
comprobado además que esta exaltación es transversal a las diferentes etapas
del desarrollo local, pues se la encuentra desde el formativo hasta integración,
y que su virtud trasciende la región de productividad primaria, encontrándola
tanto en mesoamérica como en centroandinoamerica.
La
divisibilidad de la spondylus en fraccionésimas isomórficas, y el hecho de que,
con cada fracción, permanecía
inalterable el valor del original, y cada una de ellas representando una unidad
del mismo; la idea original que respaldaba la fe en la concha se perpetuaba y
contenía en cada una de sus partes; en esta perspectiva es posible suponer que
entregar una fracción era similar a entregar una concha entera. ¿Que respaldaba
esa acción?.
De acuerdo
con Murra, no sería aventurado indicar que será su papel como fetiche hídrico
lo que hará del bivalvo un bien preciado; condensador y depositario de valor. Pero
este hecho, de que haya sido explotado
por milenios, fue determinante en su escasez,
conduciendo a su divisibilidad, lo cual convertía la producción de mullo
en una verdadera acuñación, implicando controlar tanto sus dimensiones como sus
isomorfismos internos, así como sus formas de acumulación, y, por supuesto, las
cantidades de concha en que cada bien podía ser canjeado y en la aceptación de
tal característica.
Pero asimismo
una larga historia de formas de intercambio en la llanura litoral equinoccial y
en los espacios marítimos adyacentes, configuró un sistema interregional de
bienes transables, dinamizaron las capacidades de colectividad local y habrían
generado una alternativa local histórica de dinero que no se ajustaba al patrón
hispano. Llegaron los hispanos,
encontraron, destruyeron y desplazaron, este y otros similares, sistemas monetarios
en acción, e introdujeron las bases de lo que será posteriormente el patrón oro.